Los alimentos orgánicos, mejorando tu salud

Los alimentos orgánicos, mejorando tu salud

Los alimentos orgánicos como la harina integral mejoran tu salud

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Los alimentos orgánicos

Mientras en Estados Unidos y Europa el consumo de productos orgánicos está muy de moda, en américa latina y el caribe todavía es difícil hallarlos en los mercados. Se trata de vegetales y animales sin prontuario químico, nutridos bajo normas ecológicas, que están dando mucho de qué hablar e investigar.

Qué será preferible, encontrarse un desvalido gusano viviendo dentro de la manzana o comer la fruta deshabitada gracias a que ha sido bañada con pesticidas sintéticos? La cruzada defensora de los alimentos orgánicos tenderá a indultar al gusano, en lugar de requerir las molestas sustancias con que rocían casi todos los alimentos consumidos por los seres humanos desde hace décadas. Es debido a esa conciencia, cada día más difundida, de que el planeta se está alimentando con productos alterados -trastornados en su más delicada esencia-, manipulados genéticamente y de reputación desconocida, que se ha puesto de moda en algunos países la producción y consumo de alimentos orgánicos, y no precisamente porque tengan órganos. Al parecer ya son demasiadas personas las que desconfían de la seriedad de esos tomates rozagantes, fresas voluptuosas o berenjenas de campeonato, que deslumbran en muchos mercados.

alimento orgánico, harina integral
Los alimentos orgánicos, harina integral

Es muy común hallar en los anaqueles de los supermercados de los Estados Unidos y buena parte de Europa, comestibles que llevan la etiqueta de “orgánicos” y cuestan cerca de 40% más que los otros -¿los inorgánicos?-. Estos alimentos han merecido ser llamados así porque cumplen fielmente con una serie de normas bien escrupulosas: son etiquetados con señas del lugar de origen, los métodos de producción, los beneficios para la salud, e incluso, el santo y seña del quien cultivó el producto. Fue en la Legislación Federal norteamericana del año 2000, que tal acepción del término “orgánico” fue oficialmente aceptada, y que hoy en día asegura a los miles de adeptos que los alimentos orgánicos han sido cosechados sin ningún tipo de pesticida, abono sintético o intervenciones genética, más sí en equilibrada relación con el medio ambiente. Son, entonces, ingredientes políticamente correctos.

Latinos pero no orgánicos

En los países latinos, en cambio, muy pocas personas que tienen conciencia sobre esta movida mundial, que tiene en constante confrontación a médicos, nutricionistas, productores e industrias alimentarias. El doctor Efraín Hoffmann, especialista en medicina alternativa y dueño del spa-clínica Hacienda La Concepción en Venezuela, explica por qué es tan poco común el tema de los alimentos orgánicos en estas latitudes: “Vale totalmente la pena elegir un alimento orgánico, porque estás comprando salud y consumiendo un producto libre de toxinas, cosechado o criado en condiciones ecológicas, que respeta los ciclos de la naturaleza. Lamentablemente no todo el mundo puede adquirirlos. Uno de mis proyectos fue desarrollar una granja agroecológica, pero resultó casi imposible. Es sumamente difícil, porque una vez que tenga el producto, no habrá un mercado creado que valore ese aumento de precio; la mano de obra es más costosa, porque el proceso es menos tecnificado. Hay que crear un mercado muy particular”. Aunque podría ser una decisión inteligente incluir en la dieta diaria alimentos orgánicos, lo es más aún garantizar la cesta básica a los familiares, a pesar de que contenga huevos “que son prácticamente la menstruación de gallinas histéricas e insatisfechas, y pollos que se criaron neuróticos, insomnes y estresados”, asegura Hoffmann, que remata intentando calmar el avispero a golpes: “Lo malo es que no hay casi nada que ofrecer en Latinoamérica y es un poco preocupante alarmar a la sociedad con esto”.

Agricultura inteligente para compensar

Sin embargo, no siempre hay que ir tan lejos para llegar a un lugar feliz. En Venezuela funciona la Finca Dos Aguas, propiedad de Enrique y Rosy Stein. Es de esta tierra cultivada de donde se nutren de hierbas, vegetales y frutas una buena parte de los restaurantes caraqueños y las neveras de varios supermercados de lujo. Allí no producen exactamente alimentos orgánicos en toda regla, pero sí realizan una versión que suena y sabe muy bien. “No hacemos productos orgánicos, porque estos, desde su semilla hasta el fruto, no pueden ver abonos ni químicos, y como estamos en el trópico es imposible luchar contra las plagas. Tratamos de ser lo más orgánicos que se pueda, sin ser puristas. Mi esposo lo llama agricultura inteligente, ya que si una plaga no es severa preferimos no luchar contra ella”, narra Rosy Stein. Tal vez en poco tiempo se distribuyan en el país productos para fumigar los campos, tan dóciles como sea posible y con propiedades orgánicas, en lugar de químicas.

Un furor que es casi pánico

Los mejores restaurantes del noroeste americano compiten por obtener la colecta de un pescador evangélico que utiliza una maniobra particular para atrapar salmones del pacifico: los peces reciben un golpe contundente bajo el agua, para no tener que luchar contra ellos en el muelle, porque con el movimiento el animal libera ácido láctico a sus músculos. Luego el pescador los desangra vivos y con agua a presión los libera de vísceras y sangre. Finalmente, cada pescado llevará una etiqueta con el nombre del lugar donde fue capturado, el momento de la pesca, la identificación del pescador, la temperatura del agua y el nombre del bote. Los comensales pueden enterarse, por ejemplo, de que el filete que piensan devorar fue sacado del mar en un pesquero llamado Miss Betty, además de otras explicaciones que hacen de los menúes textos de estudio en lugar de las guías coquetas que suelen ser.

El debate continuara

Publicaciones como las revistas Elle, Bazaar o Fitness ya titulan algunos reportajes de salud con “Pánico orgánico”, “Obsesión por el origen” o “¿Es lo orgánico un valor?” Se han desatado por igual campañas a favor y en contra de esta moda que se ha convertido en una obsesión para muchos estadounidenses, capaces de esperar horas en tomar su lunch, hasta que lleguen al restaurante vegetales frescos, procedentes de una granja de origen conocido. El médico Steven Bratman, autor del libro Salud para adictos, define el interés de ciertas personas hacia los alimentos orgánicos como un posible pánico, cuando son capaces de llevar sus propios ingredientes seleccionados a la casa de un amigo que le ha invitado a cenar. Ya puede ser, en lugar de un beneficio para la salud, un problema de buenos modales.

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