Comprendiendo al dolor para acabar con el

Comprendiendo al dolor para acabar con el

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Nadie se da cuenta de lo maravilloso que es estar sano hasta que siente una dolencia en alguna parte del cuerpo, aunque se deba a algo tan común como una cefalea o una tortícolis por un mal movimiento. La ciencia sigue avanzando en la tarea de buscar nuevos y mejores analgésicos para acabar con el dolor, con el objetivo de que los pacientes vean estrellas solamente en el cielo

 

Desde el pinchazo de una inyección, pasando por un dedo roto, un trabajo de parto o un malestar artrítico, el dolor es una de las molestias más detestadas y temidas por cualquier individuo. Más difícil todavía es definirlo con detalle. En la consulta médica, los doctores constantemente se topan de frente con una serie de oscuras explicaciones sobre la naturaleza de los dolores de sus pacientes, quienes son -a ciencia cierta- los únicos que realmente saben cómo y en qué medida les atormenta este insoslayable síntoma. Algunos sujetos desarrollan una aprensión tal que pueden llegar a experimentar algofobia, un miedo irracional a sentir dolor.

 

No son pocos los esfuerzos que ha llevado adelante la medicina para mantener a raya este problema. La Asociación Internacional de Estudio del Dolor (IASP, en inglés) concibe este fenómeno como una sensación desagradable que señala la presencia de un daño corporal, o la amenaza de una lesión. En el marco del 10º Congreso Mundial del Dolor -celebrado en San Diego, California (EE.UU.)- el doctor Guillermo Arechiga, especialista del Instituto Jalisciense de Alivio del Dolor y Cuidado Paliativo (México), explicó que hay dos tipos principales de dolor: el agudo, que comienza de forma repentina y que por lo general tiene corta duración, y el crónico, que no dura más de un mes; no obstante, puede presentarse de manera ocasional y/o relacionarse con una enfermedad a largo plazo.

 

Orígenes y clases de dolor

Arechiga apunta que, en términos científicos, este síntoma se debe a la acción de las prostaglandinas, unas sustancias parecidas a las hormonas que se liberan cuando las células se infectan o se lesionan. “La respuesta a estas prostaglandinas conduce a la inflamación, la coloración rojiza de la piel e hinchazón o dolor, en señales nerviosas que se transmiten al cerebro”, dice el experto.

 

“Los estados de dolor son muy diversos: algunos de ellos son el neuropático, provocado por alguna lesión en el sistema nervioso y que se manifiesta como un ardor; el dolor postoperatorio, que a veces es bastante submedicado en todo el mundo y alarga la estadía en el hospital, y el dolor por cáncer, asociado a un tumor o a la práctica de algún tratamiento contra la enfermedad. Otros se deben a patologías como la osteoartritis o la artritis reumatoide, que afectan las membranas articulares, cartílagos, huesos, etc. El dolor menstrual también es un problema bastante común”, señala el especialista.

 

El dolor agudo se relaciona con incrementos del ritmo cardiaco y la presión arterial, que eleva el riesgo de infarto o algún otro problema similar. “Además, un dolor mal controlado puede afectar la calidad de vida, la capacidad de concentrarse, de trabajar, dormir, hacer ejercicio o relacionarse con los demás. La salud emocional también puede verse alterada, ya que el paciente puede deprimirse o sentir irritabilidad y fatiga”. Arechiga indica que el dolor postoperatorio no debe ser sólo un síntoma, sino un signo medible. “Hay todo un proyecto de la Asociación Americana de Dolor en el que éste debe monitorearse cada cuatro o seis horas, como la temperatura, la presión arterial o el ritmo cardiaco”, apunta.

 

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Opciones para combatir el dolor

El abanico de opciones para combatir el dolor -en cualquiera de sus manifestaciones- es más amplio de lo que se cree. La noble aspirina es una entre tantas, pero también le acompañan en el Olimpo de los analgésicos los bicentenarios opioides como la morfina, el famoso acetaminofén, los activos AINEs (Antiinflamatorios No Esteroideos, como el ibuprofeno, el diclofenac, el naproxeno y el ketorolac) y el último grito en la materia, los inhibidores de COX-2.

 

Sin embargo, estos fármacos tan populares en la lucha contra el dolor no son las únicas posibilidades. También son utilizables -según las circunstancias- los narcóticos sintéticos, los suplementos dietéticos, los corticosteroides, los antidepresivos y los anticonvulsivos, por nombrar algunos. Otras formas de acabar con este problema son los analgésicos locales inyectados para aliviar el dolor muscular, los bloqueos nerviosos selectivos, la fisioterapia, la estimulación eléctrica (que cambia la sensibilización para enviar una información distinta al cerebro) y la acupuntura (para generar endorfinas, una morfina endógena con efecto analgésico).

 

A estas terapias pueden sumarse el apoyo psicológico para lidiar con el dolor crónico y las operaciones neuroquirúrgicas o quirúrgicas que puedan ayudar a atenuar el problema. El experto mexicano apunta que en el Instituto Jalisciense de Alivio del Dolor y Cuidado Paliativo se está experimentando con la musicoterapia como una de estas variadas herramientas.

 

Efectos no deseados

Uno de los ingratos efectos secundarios que se le han atribuido a algunos analgésicos es el conjunto de malestares gastrointestinales que producen. Más de una vez, una persona que sufra de problemas estomacales previos -como úlceras o gastritis- lo habrá pensado dos veces antes de tomar uno de estos fármacos para combatir algún dolor. El especialista estadounidense en dolor, Michael Montague, señala que esto es particularmente notorio en el caso de los antiinflamatorios no esteroideos cuando se toman por mucho tiempo.

 

No obstante, los laboratorios siguen buscando formas de evitar estas contingencias. Entre las grandes estrellas de este congreso médico figuraron los crecientes avances en los inhibidores de COX-2. Estos medicamentos evitan la producción de ciclooxigenasa 2, una enzima que facilita la aparición del dolor. El mérito principal de estos analgésicos es aliviar el dolor sin afectar los niveles de la ciclooxigenasa 1, que es la encargada de resguardar el equilibrio de la mucosa gástrica.

 

Otros medicamentos inhiben la producción de ambos tipos de ciclooxigenasa, por lo cual el estómago quedaba desprotegido ante estímulos potencialmente irritantes. Los inhibidores de COX-2 (como el celecoxib, el rofecoxib, el valdecoxib y el parecoxib) sirven para combatir dolores agudos, artríticos y menstruales. No obstante, como muchos medicamentos, no están exentos de algunos efectos secundarios y contraindicaciones. Arechiga explica que deben tomarse con precaución -con instrucciones médicas muy precisas- cuando hay hipertensión, retención de líquidos y problemas de insuficiencia cardiaca, renal o hepática.
Los especialistas internacionales coincidien en afirmar que no todos los analgésicos sirven para los mismos tipos de dolor ni actúan igual en todos los casos, por lo cual es necesaria la prescripción médica. “La automedicación siempre entraña riesgos”, dice Arechiga. “Siempre hay que investigar la causa del dolor, y a partir de ese diagnóstico se receta el medicamento específico; algunos fármacos se pueden combinar y producir más y mejores efectos”. El dolor es una señal y su alivio puede ser sólo una mejoría temporal si no se estudia a fondo. Ante un fenómeno de este tipo, es mejor visitar al médico.

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