Enfrentar la Ansiedad y angustia en tiempo de crisis

Enfrentar la Ansiedad y angustia en tiempo de crisis

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La aparición de la ansiedad en estos días de incertidumbre colectiva es un acontecimiento “excesivamente normal”. Para evitar males mayores, hay que aprender a controlarla. Nadie escapa a las inquietudes que despierta la situación del país. Abunda una sensación de angustia, de no saber qué hacer ni cuándo: en otras palabras, los ingredientes básicos de la ansiedad. Alex Torbay, psicólogo y psicoterapeuta, indica que existen varios rasgos que delatan la presencia de un estado ansioso, o lo que es lo mismo, de la máxima expresión del estrés. “Hay que hacerse varias preguntas: ¿estoy durmiendo bien? ¿me duele la cabeza o tengo problemas digestivos? ¿estoy resolviendo las cosas o no concluyo nada? ¿me duele el cuerpo? ¿me siento deprimido? ¿tengo buen ánimo o no me provoca hacer nada?”.

ansiedad

 

Síntomas clásicos y origen

Los síntomas de la ansiedad son variados. Uno típico es la dificultad para conciliar el sueño, con la aparición de pesadillas y el hábito de despertarse durante la noche. El cansancio, el agotamiento y los dolores de cabeza también son indicios importantes. “Otro signo clásico es comer en exceso, sobre todo cuando uno acaba de almorzar o cenar completo. En muchos casos, hay problemas de digestión, dolores estomacales, acidez recurrente y hasta náuseas”, señala el especialista. Falta sumar los dolores musculares y óseos, sobre todo en la espalda y en las coyunturas. También hay cambios bruscos de humor –por mucha susceptibilidad y agresividad–, problemas con la tensión arterial y hasta episodios temporales de disfunción eréctil o frigidez, provocados por altibajos intensos en la libido.

 

Tantos achaques orgánicos tienen un origen común. Torbay explica que, ante un gatillo emocional que genera un gran estrés, las glándulas suprarrenales disparan a la sangre elevadas dosis de cortisol, adrenalina, noradrenalina, epinefrina y norepinefrina. Este escándalo bioquímico hace estragos en neurotransmisores que actúan como antidepresivos naturales y afecta el sistema neurovegetativo, que es el que coordina todas las funciones del organismo. El hipotálamo envía a todo el cuerpo una señal de depresión y se inicia una serie de disfunciones que se traducen en todos los síntomas señalados.

 

El desánimo, un gran enemigo

Cuando el cuerpo trabaja a medias, uno de los principales damnificados es el sistema inmunológico, que puede volverse negligente porque está deprimido. “Si la ansiedad no se controla a tiempo, aumenta el riesgo de padecer diversas patologías a largo plazo. Con los años pueden aparecer enfermedades de tipo autoinmune como el cáncer, la artritis reumatoidea o la esclerosis múltiple. Si uno examina lo que ha sido la vida de un paciente con esas patologías en los últimos 10 años, puede encontrar un evento detonante que generó un estado prolongado de mucha ansiedad, como un divorcio o la muerte de un familiar”, dice el experto. “Por eso es tan importante resolver esas inquietudes a la brevedad posible”.

 

Enfrentando el problema

El tratamiento de la ansiedad comienza con la identificación y evaluación del problema desde la raíz. “Si es una preocupación manejable, el sujeto debe echar mano de todas sus herramientas para resolverla por su cuenta. Pero si es una situación que escapa de su control, necesita pedir ayuda para obtener más opciones”. Con la guía de un psicólogo o de un psiquiatra, el individuo estudia mejor el obstáculo y tiene más recursos para sortearlo. “Uno va reconociendo cuáles son sus debilidades y fortalezas, se relaja y comienza a recobrar el dominio sobre sí mismo. Todos tenemos un nivel natural de ansiedad, pero ésta se convierte en algo anormal precisamente cuando roba el mando, hace cometer muchos errores y provoca un gran malestar físico”.

 

Si el psicólogo y el paciente concuerdan en que el problema se resolverá tarde o temprano, habrá que hacer menos estresante la espera. Para ello, el especialista debe dar herramientas de relajación, enseñar al sujeto a saber desconectarse del problema cuando éste le produzca demasiado desgaste anímico y prescribir los fármacos respectivos, si es necesario. “La automedicación de antidepresivos es muy peligrosa”, acota Torbay.

 

Los hijos, victimas inocente

Otro tema que también preocupa a muchos padres es cómo lograr que la ansiedad haga la menor mella posible en sus hijos. “Algunos niños quedan atrapados en ese bombardeo permanente de información, en esa zozobra de no saber qué va a pasar en el futuro”, indica Torbay. La concordia familiar puede resentirse fácilmente en una situación difícil El especialista asegura que el factor económico es uno de los que genera mayor estrés. “Hay peleas dentro de las parejas porque no se produce dinero, y luego aparece mucha tensión al momento de resolver cómo se van a afrontar los gastos”. Asimismo, las agrias discusiones entre parientes, muchas veces por razones personales o sociales agravan la intranquilidad de los más pequeños.
En líneas generales, lo más recomendable es poner en práctica actividades que mantengan a los niños ocupados y distraídos. “Que pinten, dibujen, lean, cocinen con sus mamás. Hay que tranquilizarlos y explicarles que los tiempos difíciles son un proceso pasajero y normal en la vida humana y que a la larga traen cosas positivas para la familia, por ejemplo”.

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