Salud: como aliviar al dolor físico

Salud: como aliviar al dolor físico

Formas de aliviar al dolor físico

409
0
Compartir

Como aliviar al dolor físico:

En ocasiones, los achaques del cuerpo son el reflejo de una psique agobiada por el estrés. La psicoterapia corporal propone detectar en los síntomas físicos, como la tensión muscular, el tono de voz o el estreñimiento, afecciones psíquicas como la angustia, el dolor o la tristeza. La premisa es tan sabia como antigua: “Mente sana en cuerpo sano”. Con los apuros de la vida cotidiana, es común considerar que el tiempo no rinde para hacer todo lo que muchos quisieran, más aún cuando su nivel de ocupaciones -y preocupaciones- es mucho mayor de lo deseable. Si se desconocen las herramientas para manejar el estrés y la ansiedad, el resultado es un sujeto con un alto grado de desgaste de salud y el nivel emocional. Para gente afectada por las consecuencias del estrés y otros problemas emocionales, muchos especialistas recomiendan la terapia psicocorporal.

estrecharse para aliviar dolor
estrecharse para aliviar dolor

¿En qué consiste este novedoso método?

“La terapia psicocorporal es un método que aborda sistemáticamente el trabajo corporal y la dinámica psicológica del individuo, que emplea para su diagnóstico e intervención factores como el movimiento, la postura, la conversación, la respiración y el contacto físico directo a través del masaje terapéutico en el contexto de una relación profesional”, dice la psicoterapeuta corporal Nora Ávila. La especialista explica que el objetivo de esta terapia es propiciar la expresión de las emociones, aliviar el sufrimiento, ampliar la comprensión y autoconciencia del individuo, y recuperar diversas capacidades emocionales, todo mediante un adecuado manejo del cuerpo.

Este tipo de psicoterapia es especialmente recomendable para aquellas personas que somatizan un estrés agudo o crónico a través de síntomas persistentes, que suelen ser aceptados como un asunto rutinario. Aparte de la tradicional contracción en los músculos del cuello, los hombros y la espalda, también se cuentan la gastritis, estreñimiento, dolores de cabeza, bruxismo, ritmos cardíacos alterados, afecciones de la garganta y algunas alergias, entre otros problemas asociados.

“Además de todo lo que la persona habla sobre sus síntomas y de lo que sabe de su cuerpo, siempre tomamos en cuenta cómo esa persona está presentándose al mundo. ¿Cómo es su respiración? ¿Cuál es su postura? ¿Cómo es su tono de voz? Nosotros vamos desde las funciones corporales hacia lo que significa conocer a la persona, desde una pauta respiratoria distorsionada hacia una conducta que la persona pueda tener con respecto a su forma de ver la vida, a sus actitudes y creencias fundamentales”, explica Ávila.

La especialista explica que estas manifestaciones externas reflejan el estado anímico del individuo. “Hay personas que son muy ‘aguantadoras’, en el sentido de que se cargan de más cosas de las que se desprenden. Seguramente su respiración está distorsionada, su inhalación puede ser más larga que su exhalación. Su postura, como algo muy inconsciente, va a dar cuenta de esa actitud de peso y lentitud en todo lo que es su expresión”. Pero no sólo importa lo que se dice, sino cómo se dice. Ávila indica que una persona puede estar con una gran sonrisa en la cara -con mucha presión en la mandíbula- y decir que se siente muy bien, sin darse cuenta que tiene un gesto congelado o una mirada melancólica.

Terapia que va más allá de lo físico

Esta especialista asegura que hay muchos prejuicios alrededor del cuerpo. “Siempre que vamos a él, no lo tratamos con reconocimiento sino con juicio. Cuando nos paramos frente al espejo vemos si estamos gordos o feos, pero usualmente no hacemos contacto con esa parte de nosotros con afecto, como algo que forma parte de uno mismo. Muchos lo tratan como un asunto cosmético que debe lucir de determinada manera, o que se niega definitivamente”, dice la experta. “Nosotros somos uno en todo momento, no somos una separación de mente y cuerpo. La mente es parte del cuerpo, es la que percibe y la que nos notifica las sensaciones”.

Uno de los objetivos de la terapia en sus tres fases -sensibilización, integración y expresión- es evitar este distanciamiento, “sobre todo si se toma en cuenta que estamos siendo educados dentro de patrones donde se privilegia lo mental sobre lo físico”, acota Ávila. “No hay posibilidad de expresar la emocionalidad sin el cuerpo. Sólo por medio de la expresión corporal de los ojos llorosos o los hombros caídos es que puedo realmente reflejar un estado como la tristeza. Lo que se hace es aumentar un poco el rango de conciencia y sensibilizar a la persona para que pueda reconocer mejor cuáles son sus estados anímicos”. Eso le evita caer en estados alterados o en reacciones desproporcionadas ante lo que significa reprimir las emociones, ya sea por negarlas o por desconocerlas.

Según este tipo de terapia, cada individuo tiene una estructura única en la que se van fijando los patrones de su historia. “Estamos diseñados para responder a cualquier situación de estrés y volver nuevamente al reposo”, explica Ávila. “Sólo cuando ciertos estímulos son prolongados y representan una etapa importante de la vida, se quedan fijados como en una coraza defensiva que impide sentir toda la posibilidad vital que hay en una parte del cuerpo”.

La especialista apunta que las corazas no tienen necesariamente una connotación negativa: “Son dinámicas que hemos creado en nuestro cuerpo como parte de lo que significa nuestro proceso de adaptación. El problema es que la coraza se queda fija, y en un determinado momento de nuestra vida, cuando necesitemos tomar posesión de todo nuestro rango emocional, no lo podemos tener”.

Cuando quiero llorar no lloro. Ante una situación donde se da la orden de ser fuertes, puede trancarse el impulso del llanto a través del diafragma y cambios de respiración. Cada vez que se sienten estímulos de llanto se puede mantener el deseo de llorar a raya. “Se van aislando partes del individuo que ya no están con él aunque quiera recuperarlas, porque funcionan automáticamente”, dice Ávila.

Cuando el psicoterapeuta corporal observa un patrón de tensión muscular, puede pedirle al paciente que enfatice ese patrón y a través de imágenes empieza a trabajar en esas zonas. “Las imágenes las puede crear la misma persona o las puede crear el terapeuta diciendo: ‘¿Imagínate que tuvieras una carga en esta parte de tu espalda. Qué aspectos contendría?”.

Muchas de las estrategias empleadas en la terapia psicocorporal es tocar directamente algunas zonas del cuerpo de la persona. La especialista sostiene que el hecho de tocarla y que ella respire, haga una imagen hacia esa zona de su cuerpo y restablezca otra vez su patrón respiratorio normal, va a ayudarla a estar mucho más involucrada en su propio proceso terapéutico. Estas técnicas también se pueden trabajar en niños y personas mayores desde una óptica diferente, respetando sus límites. En ciertos casos, la terapia puede hacerse de la mano de un psiquiatra.
Ávila asegura que una de las cosas que han llevado a la represión de la emocionalidad es la sensación de que es algo que se desborda y que no sabemos controlar. “En la medida en que vamos trabajando y dándole la posibilidad de expresarse, se tolera mejor la situación como algo comprensible y manejable. El individuo empieza a desarrollar la capacidad de entender cómo es que un síntoma físico aparece cuando está en una situación de estrés y poner su emocionalidad más a su servicio que en su contra”.

No hay comentarios

Deja un comentario